domingo, 4 de octubre de 2015

Ella - Capítulo 2

Latidos


Caminando por el hilo del tiempo me doy cuenta de que solo hay dos salidas posibles, dos caminos en los que caer. Me gustaría creer que se puede permanecer allí, pero por laguna razón se  vuelve una y otra vez al momento inicial. Estímulos llegan a mí de muy diversas formas, pero solo uno consigue activar algo dentro de mí, algo que se esconde en lo más profundo de mi interior. Todas las cosas tienen sentido si hago caso a ese sonido.
Pero… ¿y si no le hago caso?

Un día normal, una alarma que suena, y como cada día consigue encender en mí el reloj de lo monótono. Me levanto y vivo el día como todos los demás. Pasan las horas y no escucho nada. Hay mucho ruido en el exterior, pero nada en mi interior. Aun así estoy tranquilo, algo despertará en mí. Los recuerdos me lo dicen, y la sonrisa de mi rostro también. Los minutos pasan como cada día, pero de diferente forma a como lo hacían antes. Ahora sé que van lentos por mí, quieren hacerme sufrir con su lento caminar. Pero no lo van a conseguir. Se perfectamente lo que me espera al final. Una sola señal en mi interior y todo mi mundo cambia. Solo escucho ese sonido, esa música que sin ser música es por lo que he estado esperando tanto… y mientras estoy en él todo es bonito, todo significa algo y cada sensación es inolvidable.


Mi vida se divide en los momentos en los que mi corazón late y en los que no. Cada uno de esos instantes hace que el otro tenga sentido. No puedo estar sin esos latidos, pero tampoco puedo estar sin los momentos en los que espero los latidos. Cada señal es distinta, pero todas provocan lo mismo. Un mensaje, una llamada, una foto, una mirada… A veces estas perdido en el mar de las dudas, nadando hacia una isla, y cuando estas cerca avistas otra más cerca aún, y cambias de rumbo. Yo en estos momentos se exactamente qué rumbo elegir. De entre todas las señales que me da el mundo solo tengo que prestar especial atención a las que hacen que mi pulso se acelere, que arda algo dentro de mí y que me haga sonreír sin estar contento. Que provoquen que cada uno de mis pensamientos fluya hacia un solo punto y que tenga la sensación de ser el centro de mi mismo. Juntando cada uno de esos momentos puedo saber a qué se deben. Y juntando todos esos momentos vi que Ella era la única que los provocaba. Pero ¿por qué con ella sí y con otra persona no? Tenía la respuesta frente a mí, o mejor dicho, dentro de mí. No tengo que resistirme a lo que me brinda mi propio cuerpo. Yo mismo respondo todas mis preguntas. La naturaleza es así, y mis sentimientos están gritándome.
Pero… ¿y si no le hago caso?

Si no le hago caso podré decir que no estoy viviendo, porque sin latidos no se puede vivir.

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