Su mundo
Un cuadrado…todo mi mundo encerrado en él. No hay ruido, no hay luz, no hay sensaciones, tan solo el cuadrado y yo. Las esquinas que forman un ángulo perfecto de 90 grados me atraen hacia el centro, todo lo demás no existe, no tiene por qué existir. Mi mente se funde con la vista de la baldosa de aquella estación de metro. Es un momento único del que no quiero salir, todo mi mundo es suyo y todo su mundo es mío.
Allí me encuentro feliz, tranquilo, en paz. De repente se produce el enfoque, el sonido vuelve a mis oídos y mi cuerpo reacciona instintivamente ante la llegada del metro. Me levanto y me meto en el vagón. Hay un sitio libre, me dirijo allí y me siento.
Como echo de menos el momento de antes, ahora todo se mueve, todo hace ruido, todo se impone a la realidad del momento. Debo fluir con el río del presente, este es mi mundo y no hay nada más. Un día por delante, un camino a seguir y un destino a llegar.
Levanto la mirada y miro por la ventana. La gente se arremolina en torno a la puerta, todos caminan seguidos por su conducta que repiten día tras día. Miro a un lado, y hay algo que me llama la atención. Mi vista se detiene en un punto en concreto, uno de tantos que hay. Y allí esta ella… y al mirarme todo mi mundo cambia. Todo se vuelve a detener, todo mi ser se vuelve a centrar en un solo punto, pero esta vez es diferente. No hay solo tranquilidad, no hay paz, es una sensación extraña, algo nuevo, algo que me hace estar nervioso y tranquilo a la vez. Una leve sonrisa se escapa de mi boca cuando sus ojos se cruzan con los míos. Miro al suelo, intento escapar de allí, pero no puedo…no quiero. Vuelvo a mirar y la veo. ¿Se puede ser más perfecta? Esa mirada, esa cara de ángel. En unos momentos me imagino como será, cómo hablará, cómo vivirá su vida. El corazón me late más fuerte, y la cabeza deja de pensar. Solos tu y yo, el mundo a nuestro alrededor sigue su curso, y nosotros nos miramos, sonreímos y sin saber por qué, nos vemos inmersos en nuestra pequeña y corta historia de amor.
Llega mi parada, el fin de todo lo que sucede. Si fuera otro mundo, si fuera otra vida, le preguntaría como se llama y que me encantaría conocerla. Pero la vida es así, y las señales que ves no las quieres seguir. Debes ir por tu camino, a tu destino. Me bajo del vagón y comienzo a andar. Subo las escaleras y paso el torno. Ahora estoy en la calle. Otra vez solo, otra vez en mi mundo. Me paro en un semáforo que hay al lado, para poder cruzar la calle. Muñeco en rojo y gente a mi alrededor. Una voz celestial me vuelve a despertar de mi letargo.
- ¿Oye perdona, te conozco?
Miro a mi derecha y allí está ella. Con una sonrisa en la cara y un ligero rubor en las mejillas.
- No..., creo que no – Respondo, sonriendo, y aun asombrado por la situación.
- Bueno, da igual, yo me llamo […]- dice ella.
- Yo soy […] - le respondo yo.
Nos damos dos besos y nos quedamos mirándonos. El muñeco esta verde y debemos avanzar. Los dos lo miramos y nos reímos. Comenzamos a andar y de camino hablamos de a donde nos dirigimos, y del frío que hacía aquel día.
Cuando llegamos a un cruce nuestros caminos se separan. Los dos sabemos que algo pasa, que esto no es normal. Nos quedamos sin decir nada.
Minutos después me alejo, caminando por la acera, todo lo que antes era gris ahora es de color. El aire huele bien y entra en mis pulmones con fuerza. Una leve sonrisa se dibuja en mi cara. Me doy la vuelta para poder verla por última vez, pero ella ya no estaba. ¿Habrá sido todo un sueño? Saco el móvil y miro la agenda para buscar ese número. Allí estaba. ¿Dónde me llevara esto? Ahora no importa, el mundo me envuelve con otro sentido.
El día pasa mas lento de lo normal, mi pensamiento repite la misma película una y otra vez. Los momentos en los que mi vida ha pasado a tener un nuevo mundo.
Ella y su mundo.
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