lunes, 12 de octubre de 2015

ELLA - Capítulo 3

Uno solo


Cada momento con ella es inolvidable. Hace que los problemas parezcan simples anécdotas y que los malos momentos sean solo fantasías en mi cabeza. Nos sumergimos cada vez más en un mundo en el que las reglas las marcamos nosotros mismos. Donde los colores son colores solo porque queremos, y donde cada camino es un motivo más para seguir juntos. Es lo que quiero hacer, lo que mi corazón quiere que haga. Todo lo que nos rodea tiene un tinte especial. Es una película en el que nosotros somos los protagonistas y en la que no existen créditos finales.
Ella monopoliza todos mis sentidos. Sus ojos me transmiten mucho más que cualquier libro que haya podido leer, y su sonrisa me atrae hasta un mundo sin explorar  más interesante que cualquier cosa que puedan ver mis ojos.

Allí estás, enfrente mía, una vez más, riéndonos con cualquier cosa y mirándonos con esa complicidad que tú y yo sabemos. Hemos hablado mucho estos días y sabemos que hay “algo” en nosotros, en cada palabra que decimos, en cada vez que nos tocamos. Yo sé que es algo especial. ¿Y tú?

De repente me encuentro sumergido en una espiral de sensaciones que recorren todo mi cuerpo. Estoy en un sitio donde todo es calma y donde hasta el respirar incomoda. Porque no se necesita respirar, tan solo sentir. Y uno siente si realmente deja volar la imaginación y se deja inundar por cada estimulo que le llega de ese mundo suyo.
Aquella vez sentí que quería estar allí siempre, sentí que no importaba nada más, que ni un terremoto podría interrumpir esa sensación de paz y de bienestar. Y en este mundo al que me llevas, sumergido en tus pinceladas de vida, y bajo tu manto protector me di cuenta de lo que significarías para mí. Sabía que desde aquel instante nada volvería a ser como antes. Todo me llevaría irremediablemente a ese lugar y a ese instante. Aunque luchara por olvidarlo no podría, y aunque me resistiera a creerlo, seria definitivamente algo que se repetiría en mi mente y en mi cuerpo una y otra vez, inundando de latidos cada momento del día contigo.

Cuando tus labios se separaron de los míos volví a ser yo, volví a mi mundo, y lo primero que me encuentro al abrir los ojos… es a ti. Y pienso en muchas cosas, pero sobre todo en ti, en tu mirada, en tu sonrisa y en tus labios.

¿Cómo puede un beso decirte tantas cosas? Supongo que es parte de la magia. O quizá sea también parte de Ella, que lo hace así. En todo caso, un solo beso me ha hecho ver que mis labios desde siempre han estado esperando los suyos. Es como si cualquier beso anterior estuviera a millones de años luz. Un solo beso… uno solo.
Me alegro de haberte encontrado, me alegro de recorrer ese mundo nuestro con cada nuevo beso que nos damos y me alegro de que con uno solo haya bastado para darnos cuenta que es real, está pasando y lo estamos viviendo.

Bienvenida a mi corazón.

domingo, 4 de octubre de 2015

Ella - Capítulo 2

Latidos


Caminando por el hilo del tiempo me doy cuenta de que solo hay dos salidas posibles, dos caminos en los que caer. Me gustaría creer que se puede permanecer allí, pero por laguna razón se  vuelve una y otra vez al momento inicial. Estímulos llegan a mí de muy diversas formas, pero solo uno consigue activar algo dentro de mí, algo que se esconde en lo más profundo de mi interior. Todas las cosas tienen sentido si hago caso a ese sonido.
Pero… ¿y si no le hago caso?

Un día normal, una alarma que suena, y como cada día consigue encender en mí el reloj de lo monótono. Me levanto y vivo el día como todos los demás. Pasan las horas y no escucho nada. Hay mucho ruido en el exterior, pero nada en mi interior. Aun así estoy tranquilo, algo despertará en mí. Los recuerdos me lo dicen, y la sonrisa de mi rostro también. Los minutos pasan como cada día, pero de diferente forma a como lo hacían antes. Ahora sé que van lentos por mí, quieren hacerme sufrir con su lento caminar. Pero no lo van a conseguir. Se perfectamente lo que me espera al final. Una sola señal en mi interior y todo mi mundo cambia. Solo escucho ese sonido, esa música que sin ser música es por lo que he estado esperando tanto… y mientras estoy en él todo es bonito, todo significa algo y cada sensación es inolvidable.


Mi vida se divide en los momentos en los que mi corazón late y en los que no. Cada uno de esos instantes hace que el otro tenga sentido. No puedo estar sin esos latidos, pero tampoco puedo estar sin los momentos en los que espero los latidos. Cada señal es distinta, pero todas provocan lo mismo. Un mensaje, una llamada, una foto, una mirada… A veces estas perdido en el mar de las dudas, nadando hacia una isla, y cuando estas cerca avistas otra más cerca aún, y cambias de rumbo. Yo en estos momentos se exactamente qué rumbo elegir. De entre todas las señales que me da el mundo solo tengo que prestar especial atención a las que hacen que mi pulso se acelere, que arda algo dentro de mí y que me haga sonreír sin estar contento. Que provoquen que cada uno de mis pensamientos fluya hacia un solo punto y que tenga la sensación de ser el centro de mi mismo. Juntando cada uno de esos momentos puedo saber a qué se deben. Y juntando todos esos momentos vi que Ella era la única que los provocaba. Pero ¿por qué con ella sí y con otra persona no? Tenía la respuesta frente a mí, o mejor dicho, dentro de mí. No tengo que resistirme a lo que me brinda mi propio cuerpo. Yo mismo respondo todas mis preguntas. La naturaleza es así, y mis sentimientos están gritándome.
Pero… ¿y si no le hago caso?

Si no le hago caso podré decir que no estoy viviendo, porque sin latidos no se puede vivir.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Ella - Capítulo 1

Su mundo


Un cuadrado…todo mi mundo encerrado en él. No hay ruido, no hay luz, no hay sensaciones, tan solo el cuadrado y yo. Las esquinas que forman un ángulo perfecto de 90 grados me atraen hacia el centro, todo lo demás no existe, no tiene por qué existir. Mi mente se funde con la vista de la baldosa de aquella estación de metro. Es un momento único del que no quiero salir, todo mi mundo es suyo y todo su mundo es mío.
Allí me encuentro feliz, tranquilo, en paz. De repente se produce el enfoque, el sonido vuelve a mis oídos y mi cuerpo reacciona instintivamente ante la llegada del metro. Me levanto y me meto en el vagón. Hay un sitio libre, me dirijo allí y me siento.
Como echo de menos el momento de antes, ahora todo se mueve, todo hace ruido, todo se impone a la realidad del momento. Debo fluir con el río del presente, este es mi mundo y no hay nada más. Un día por delante, un camino a seguir y un destino a llegar.
Levanto la mirada y miro por la ventana. La gente se arremolina en torno a la puerta, todos caminan seguidos por su conducta que repiten día tras día. Miro a un lado, y hay algo que me llama la atención. Mi vista se detiene en un punto en concreto, uno de tantos que hay. Y allí esta ella… y al mirarme todo mi mundo cambia. Todo se vuelve a detener, todo mi ser se vuelve a centrar en un solo punto, pero esta vez es diferente. No hay solo tranquilidad, no hay paz, es una sensación extraña, algo nuevo, algo que me hace estar nervioso y tranquilo a la vez. Una leve sonrisa se escapa de mi boca cuando sus ojos se cruzan con los míos. Miro al suelo, intento escapar de allí, pero no puedo…no quiero. Vuelvo a mirar y la veo. ¿Se puede ser más perfecta? Esa mirada, esa cara de ángel. En unos momentos me imagino como será, cómo hablará, cómo vivirá su vida. El corazón me late más fuerte, y la cabeza deja de pensar. Solos tu y yo, el mundo a nuestro alrededor sigue su curso, y nosotros nos miramos, sonreímos y sin saber por qué, nos vemos inmersos en nuestra pequeña y corta historia de amor.
Llega mi parada, el fin de todo lo que sucede. Si fuera otro mundo, si fuera otra vida, le preguntaría como se llama y que me encantaría conocerla. Pero la vida es así, y las señales que ves no las quieres seguir. Debes ir por tu camino, a tu destino. Me bajo del vagón y comienzo a andar. Subo las escaleras y paso el torno. Ahora estoy en la calle. Otra vez solo, otra vez en mi mundo. Me paro en un semáforo que hay al lado, para poder cruzar la calle. Muñeco en rojo y gente a mi alrededor. Una voz celestial me vuelve a despertar de mi letargo.

- ¿Oye perdona, te conozco?

Miro a mi derecha y allí está ella. Con una sonrisa en la cara y un ligero rubor en las mejillas.

- No..., creo que no – Respondo, sonriendo, y aun asombrado por la situación.

- Bueno, da igual, yo me llamo […]- dice ella.

- Yo soy […] - le respondo yo.

Nos damos dos besos y nos quedamos mirándonos. El muñeco esta verde y debemos avanzar. Los dos lo miramos y nos reímos. Comenzamos a andar y de camino hablamos de a donde nos dirigimos, y del frío que hacía aquel día.
Cuando llegamos a un cruce nuestros caminos se separan. Los dos sabemos que algo pasa, que esto no es normal. Nos quedamos sin decir nada.
Minutos después me alejo, caminando por la acera, todo lo que antes era gris ahora es de color. El aire huele bien y entra en mis pulmones con fuerza. Una leve sonrisa se dibuja en mi cara. Me doy la vuelta para poder verla por última vez, pero ella ya no estaba. ¿Habrá sido todo un sueño? Saco el móvil y miro la agenda para buscar ese número. Allí estaba. ¿Dónde me llevara esto? Ahora no importa, el mundo me envuelve con otro sentido.
El día pasa mas lento de lo normal, mi pensamiento repite la misma película una y otra vez. Los momentos en los que mi vida ha pasado a tener un nuevo mundo.
Ella y su mundo.